Testimonio: Misericordiosos como el Padre

testimonio misericordiosos como el padre lc 6 36Teniendo como telón de fondo la celebración del jubileo extraordinario convocado por el Papa Francisco para el 2016, bajo el lema "Misericordiosos como el Padre", entre el 24 y el 31 de julio, un grupo de 14 personas nos juntamos en el Centro de Misionero Verbum Dei de Loeches para realizar una semana de Ejercicios Espirituales.

Siguiendo la invitación del Papa que nos propone seguir el ejemplo de Dios Padre, que pide no juzgar y no condenar, sino perdonar y amar sin medida, le pedimos al Espíritu Santo que nos aumentara la fe y nos enseñara a orar para dejarnos tocar por ese corazón misericordioso del Padre.  Acompañados por un equipo de tres personas de la Familia Misionera Verbum Dei integrado por Henrique - Sacerdote Misionero, Marisol - de la rama de Matrimonios Misioneros y Javi - laico misionero, nos adentramos en esta experiencia de dejarnos hacer desde dentro.

Estos Ejercicios Espirituales han sido para mí un tiempo de regalo y de gracia. Unos días intensos y ricos a la vez. En distintos momentos y de diferentes formas, hemos experimentado que grande y eterno en misericordia es el Amor de Dios por cada uno de nosotros y nosotras.

Él nos ha amado siempre, incluso antes de nacer; nos ha llamado por nuestro propio nombre y nos sigue llamando cada día y aunque algunas veces hacemos como que no escuchamos su llamada, Él no se cansa jamás de seguir llamándonos y saliendo a nuestro encuentro.

El Espíritu se expresa en nosotros en forma de novedad. Y yo he experimentado como novedad lo importante que es tener con todas las personas con las que compartimos el camino de la vida (familia, trabajo, estudio, profesión, amistades, comunidad, etc…) la misma mirada Misericordiosa que tiene y ha tenido siempre Dios para conmigo.  Además, he comprendido para conservar esa mirada es imprescindible orar y perseverar en la oración diaria. Sin esta oración no podemos mantener viva la relación con él y pronto nos veremos incapaces de amar como Él. Porque este amor no nace de nosotros, no es cuestión de voluntarismo, sino de recibirlo cada día para poder darlo. Y no podemos dar, lo que no tenemos. Aunque carguemos las baterías, éstas se acaban. Por eso necesitamos estar permanentemente conectados a Él, que es la fuente de este amor. Además, hay tantas situaciones para las que yo no tengo respuesta y necesito preguntarle a Él: Señor, ¿cómo actuarías y qué dirías tú? Cuando ponemos nuestra fe en el Señor, podemos llegar a ver y hacer cosas muy grandes. No estamos solos. Vamos con sus fuerzas y esto sobrepasa nuestras lógicas y nuestra manera de pensar.

Desde el día en que llegamos, el silencio nos ayudó a adentrarnos en la escucha del Espíritu, que a través de La Palabra de Dios se expresaba en nuestro interior. Las charlas, la oración para empezar el día, la oración con María, los ratos para compartir nuestras peticiones y acciones de gracias, las eucaristías, el resumen de cada día, las entrevistas de acompañamiento, el sacramento de la reconciliación, todo ha contribuido a crear el ambiente propicio para el encentro con el amor misericordioso del Padre.

Incluso me ayudó el hecho de que algunos días había mucho movimiento en la casa dada la presencia de otros grupos, de otras comunidades y carismas. Me alegraba que el Centro Misionero fuera un centro de espiritualidad abierto para que las personas podamos tener un espacio de silencio para el encuentro personal con el Amor del Padre. Lejos de interrumpir el silencio lo sentía como la presencia de Dios por todas partes que quiere llegar a todas las personas. La alegría de esas personas, la sentía como alegría de Dios. Cuando la presencia de Dios pasa en medio de las personas, se siente en el ambiente.

Le pido a Dios que como Comunidad oremos juntos para que nos sepamos vivir en su misericordia y sepamos concretarla en obras de misericordia para quién más la necesite. Muchas gracias Padre por este periodo de gracia que me has regalado.

Nidia