Atrévete a soñar

atreven a sonar

Verano 2016. Una vez más, los pequeños y no tan pequeños se reúnen en Siete Aguas para disfrutar de un campamento más. Pero ahí está la “magia”. Los implicados en preparar esta actividad un año tras otro se esfuerzan porque cada vez se pueda decir más bajo eso de “un campamento más”.

2016 es único e irrepetible, al igual que cada uno de los niños y niñas que se “Atreven a soñar” y se lanzan a la piscina de la niñez para ir a pasarlo en grande con la compañía de Jesús, siempre presente. Precisamente sobre los sueños iba la temática de este nuevo campamento. Atreverse a no tener miedo a hacer de nuestra vida un tesoro, con todas nuestras ambiciones en el horizonte. ¿Y por qué no soñar con un mundo mejor?

Volver a Siete Aguas es siempre un soplo de aire fresco para ser testigos de Jesús en el inicio de curso, cada uno desde su burbuja. No era tarea fácil, el coordinador que tantos años ha caminado con tantos chicos y chicas, Jesús Martínez, dejó paso a una nueva etapa en el Verbum Dei. Nuevos coordinadores y nuevos monitores se suman cada año a hacer lo que Francisco Millán, monitor del campamento, compartía al resto de personas al finalizar su experiencia, “Sentirte niño de nuevo. Jugar, reír, cantar, bailar... soñar con ellos. Te dan la alegría. Una sonrisa, un abrazo, una cara de satisfacción... al terminar el campamento la felicidad que los monitores llegamos a sentir es inmensa, por muy cansados que estemos. Sabemos que para muchos de esos niños esta también es la mejor semana del verano. Esa es nuestra gran recompensa, lo que nos hace felices”.

¡Hasta la próxima!

Rafa

 

Sueño realizado que deja huella

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Camino de Santiago con Familias 2016

Animados en los Ejercicios del verano pasado por Carmen-Francisco y Belén-Palomo, nos apuntamos en esta aventura con nuestros cuatro hijos: Ana, Pablo, Daniel y Almudena. Tenía que ser esta año. El único hándicap que teníamos era llevar a Almudena de cuatro años en un remolque de bicicleta. Pero ya nos dijeron Marisol y Antonio que estuviéramos tranquilos, que no la llevaríamos solos. ¡Y así, ha sido! Al repasar las fotos del Camino vimos la cantidad de manos por las que fue pasando el remolque y otras muchas que no quedaron grabadas en ninguna instantánea. Manos que, como las de Dios, nos hacen la carga más ligera en nuestro camino y que incluso, en ocasiones, ni las vemos, ni las reconocemos porque nos lleva sobre ellas.

Recuerdo una subida, el segundo día hacia Ventas de Narón, por un tramo de piedra suelta, tirando de riñones hacia arriba, el sudor cayendo por mi frente, con la mirada puesta en tierra para no ver la cuesta que no termina, y notar como otra mano de un desconocido, cual Espíritu Santo, empuja junto a las mías para terminar la subida compartiendo el esfuerzo. Al terminar el ascenso, se despide con acento extranjero y ya no lo volví a ver.

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O aquella bajada del camino alternativo, llegando a Portomarín, que nos mete en un corte en la montaña del que, una vez dentro, no se podía retroceder con el remolque. La dificultad de las rocas y el terreno hacía imposible transitar con la niña dentro del mismo, y es ahí cuando el Señor, tras bajar a la niña en brazos, envía a sus ángeles que te ayudan a descender el carro en volandas y continuar la caminata. En otras ocasiones acudieron para atravesar ríos y otras dificultades orográficas. Y es que los ángeles del Señor no siempre llevan alas.

Montes y colinas, bendecid al Señor,
 cantadle, exaltadle eternamente.
Mares y ríos, bendecid al Señor,
cantadle, exaltadle eternamente.
… porque es eterna su misericordia.

El Camino también nos dejó encuentros con mucha gente anónima. Uno de ellos, reconociendo la ternura de Dios en la estampa de una niña, busca sus dos monedas en forma de plátano (quién sabe si era el único avituallamiento que tenía este hombre para alimentarse durante la etapa), para desprenderse de él y ofrecérselo a la pequeña como una ofrenda delante del Señor. ¡Jesús, enséñanos a mirar con la profundidad de mirada amorosa rica en misericordia hacia los hermanos!

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Cual juego de moda (podríamos llamarlo “Santiakon Go”), a lo largo del Camino aparecen entre los matorrales multitud de regalos que tienen sabor, como oraría Cristobal, a Trinidad Santa. Se presentan en forma de íntimas charlas donde, con el oído puesto en el corazón, escuchas a Dios: compartiendo en la comida o un pedazo de pulpo, acompañándote con su bastón o bajo un sombrero de paja, en la sobremesa de una cena, recogiendo juntos los coches al terminar una etapa, en las Eucaristías  comunitarias, animando a Portugal en la Eurocopa, jugando al “corro de la patata”, cantando al son de las gaitas “Cumpleaños Feliz” o incluso haciendo recorrer unos kilómetros más a unas compañeras por error. El Señor habita, está vivo y se hace presente, en cada uno de nosotros y es una gozada poderlo degustar, disfrutar y compartir con los hermanos.

¡Hemos vivido FRATERNIDAD! Como nos dice Magdalena: el vínculo espiritual es mayor que el de la sangre. Y doy fe que, en apenas siete días, se han tejido lazos, como cuerdas de cariño, que nos marcarán, mientras la guardemos en el corazón como mamá María, como otra huella en el camino para el resto de nuestra vida.

Otras “marcas” que nos hemos traído a casa son las de las piedras del camino. A mí aún me duran en los pies dos dedos amoratados por tropezar con ellas. Ahora que en verano suelo llevar los pies al aire, me encanta ver entre mis dedos esas señales moradas que me recuerdan la importancia de las piedras del camino. Al igual que en el Camino, en nuestra vida unas piedras sueltas nos hacen resbalar, otras tropezar o incluso heridas, pero todas ellas, una vez asumidas en nuestro peregrinar, quedan como “roca firme” que te sirve de apoyo para avanzar y subir con más fuerza y seguridad.

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El ritmo del grupo era diverso: niños, jóvenes, adultos. Nos veíamos, nos cruzábamos, compartíamos descansos, sellos para la credencial o pequeñas paradas en los lugares que nos indicaba por la mañana nuestro “serpa”. Cada uno a su ritmo. Bueno, casi todos. Aprendí de ver como las misioneras se adaptaron al ritmo de otros. Y os puedo asegurar que andar al ritmo de otro, a mí que me gusta andar rápido y voy acelerado por la vida, desgasta más que el inicio de unos buenos ejercicios espirituales. ¡Y cuánto más chico es a quién acompañas, mucho mayor es el desgate y la entrega! Vaya aquí, mi más sincero reconocimiento y admiración para todas ellas.

Los primeros días, tras el desayuno, el Espíritu también nos alimentaba con la Palabra y sus pautas. En cada etapa del Camino, todos salíamos desde el mismo origen y llegábamos al mismo destino. Como la vida misma peregrinando tras los pasos de Jesús. Y como nos ocurre diariamente en el despertar de cada mañana: ¡todos partimos del mismo punto! Para Dios Padre no existen hijos más aventajados o menos, más rápidos o mejores. Cada uno a su ritmo, para Él todos somos sus criaturas. Unos se despertarán con el FIAT y el resto con el "Alarm Morning" de su móvil, pero para Dios no hay distinción. Todos somos iguales, todos somos sus hijos y llegaremos al mismo destino donde nos espera para darnos el abrazo del final de cada etapa. ¡Pasión de Padre!

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También guardo grabada en la retina un momento del Camino en el que la pequeña Sofía se baja del carro al inicio de una subida y con toda la paz del mundo, coge un palito y se pone a dibujar en la tierra. Me rememoró el momento en que Jesús pausadamente se pone a escribir en la tierra junto a la adultera que iba a ser apedreada. ¡Vaya amor de Padre para no coger el palo, el carro, la niña y tirar con todos ellos en brazos hacia adelante! ¡Con lo que quedaba de etapa! Y es que así es Dios, sus tiempos, no son nuestros tiempos. Y Damián y Claudia me recordaban el amor que nos tiene papá-mamá Dios, que nos deja disfrutar, recrearnos en nuestra felicidad y, en ocasiones, hacer lo que no toca. ¡Porque su misericordia es infinita! Hasta el punto de comer a las cuatro de la tarde terminando la caminata bajo un sol abrasador ¡Eso sí!, siempre acompañados por el Espíritu consolador con su sombrero de paja a su lado. ¡Así es el amor misericordioso de nuestro Padre Dios!

Del Camino también me llevo multitud de gestos de servicio que no recogerán ninguna foto, pero si la mirada de Dios y la de aquellos que los disfrutamos.

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También nos regalaron un lazo como distintivo del grupo, que nos daba identidad. El mío, puesto en la muñeca, al segundo día comenzó a deshilacharse por los continuos enganchones en el velcro de los bolsillos del carro al ir en busca de agua, comida o la cámara de fotos. Al final del Camino ¡se había transformado por completo! (sin forma ni color original y con una leyenda indescifrable). Y así me nacía inscribir en mi corazón un Estado en el perfil de la cuenta de mi vida: “Si tu vida no se desgasta, es que andas solo en tu Camino”. El Señor nos ha dejado unas huellas bien marcadas en su Camino de entrega, y para mí Santiago ha sido una confirmación de lo que quiero que sea mi vida. Aún recuerdo aquellas palabras que me contaron en mi primer Camino a los dieciocho años: “A Santiago se va, pero nunca se llega”. Santiago, como el discípulo, es camino de perfección que nunca se alcanza. Y yo añadiría, “pero se peregrina”.

Otra de las gracias del Señor recibidas en este Camino, ha sido la de poder compartir esta experiencia con nuestros amigos Pedro y Mª Carmen (padrino de nuestra hija Almudena) y sus hijos: Clara, Pedro y Mateo. Lo hemos terminado todos juntos, dándole una nota sobresaliente; ampliando nuestro círculo de amigos y compañeros de camino.

Replicando las palabras del Papa Francisco en Cracovia, para nosotros este Camino de Santiago FMVD 2016, año de la Misericordia: DEJA HUELLA

Gracias, Padre, por todos los gestos de misericordia que por medio del Camino nos has regalado, dejándose hacer tus instrumentos. Por todas esas actitudes que nos han mostrado tus manos, Jesús. Gracias, Espíritu Santo, porque has empujado y has sido presencia y compañía en cada uno de nosotros. Gracias, mamá María, por invitarnos a cogernos de tu mano para ser, como tú, peregrinos en la fe tras las huellas de Jesús.

Ana, Pablo, Daniel y Almudena

 

Camino de Santiago con Familias

 

 

Un camino en familia, nuestro gran reto

un camino en familia nuestro gran retoLa idea de hacer el camino nos atraía mucho desde hace unos cuantos años, pero aun no habíamos tenido la oportunidad de verlo tan realizado como en este año 2016, todas las cosas se dieron, sabíamos que nos iba a gustar, pero teníamos dudas de como responderíamos ante tal reto y más aún por parte de nuestro hijo mayor Carlitos que tenía una perspectiva e idea errónea-aburrida de lo que sería para él, ya que en principio se le encomendó la tarea de apoyar a nuestro amigo misionero Braulio en el cuidado y animación de los más peques, y que decir de nuestra pequeña Sofía, ese si era nuestro gran reto sobre todo por su “corta edad” (2 añitos, aunque contábamos con que aun siendo pequeña es una todo terreno porque así la hemos acostumbrado desde que tenía 6 meses que fue cuando hicimos nuestro primer viaje-travesía pero en ciudad).

Ha sido una experiencia extraordinariamente enriquecedora en todos los aspectos, en lo familiar, en lo humano, en la amistad y en lo espiritual. Nos ha permitido a nosotros conocernos mejor como familia, conocer nuestras fuerzas, nuestras falencias y la grandeza del gran apoyo que nos podemos dar. Y también como se llega a formar parte de un grupo que nos ha recibido como una parte integrante de él, grupo de grandes familias con las que hemos compartido este reto.

Hemos visto como el Camino en familia no se limita solo a dar ese gran apoyo logístico con el contábamos (gracias de nuevo Marisol y Antonio) sino que va mucho más allá, nos ha sorprendido muchísimo consiguiendo que un viaje que esperábamos que fuera ya de por si bueno se convirtiera en algo más que bueno, excepcional¡ y decimos  excepcional por todo el talento humano que había, misioneros, misioneras, matrimonios misioneros  y familias, en misión que lo entregan todo con esmero para que pudiéramos sentirlo plenamente. Esta atención recibida ha conseguido que todos nos divirtamos y que las familias que estábamos participando acabemos formando "una pequeña gran familia", y que nuestros hijos y nosotros queramos repetir, convirtiendo así este camino de Santiago en parte de nuestro corazón.

Lo recomendamos sin dudarlo a todos aquellos que quieran hacer el camino de Santiago con niños, sus albergues y poblaciones están preparados para ello, y con un poco de logística (sobre todo si lleváis carritos de bebes) se empieza y se termina sin ningún problema.

Ahora es cuando empieza nuestro verdadero caminar, después de tener esta experiencia tan emocionante dando fe de testimonio y sin dudarlo que lo volveremos a hacer lo más pronto posible, es una experiencia grabada en nuestros corazones.

Muchas gracias a todos y ahora es cuando os decimos “BUEN CAMINO”

Con cariño,
Damián, Claudia, Carlitos y Sofía

 

Reaviva el carisma que hay en ti

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La Rama de Matrimonios Misioneros Verbum Dei hemos concluido nuestros Ejercicios Espirituales anuales que han tenido lugar en Siete Aguas, del 4 al 14 de agosto. Diez días de gracia, presididos por el lema: "Reaviva el carisma que hay en ti" (2 Tm 1,6). Ocasión privilegiada para profundizar sobre lo más constitutivo y esencial de nuestro carisma Verbum Dei: identidad, oración, misión, ministerio de la Palabra, espiritualidad conyugal y sus fuentes... Todo ello fundamentado en la Palabra de Dios, las constituciones, concretadas en el directorio de la Rama, así como los recientes documentos papales: Amoris laetitia y Evangelii gaudium.

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Hemos tenido la fortuna de contar con la predicación de Verónica y Cristóbal (Matrimonio Misionero), así como con Thomas (Misionero Sacerdote) y Teresa (Misionera). Cada uno desde su identidad personal en el Verbum Dei nos han enriquecido y ayudado mucho.

Ejercicios decididamente muy positivos que van a iluminar y orientar la andadura de todos nosotros a lo largo y ancho del próximo curso.

Como broche de oro, tuvimos la alegría de celebrar los vínculos definitivos del matrimonio formado por Alejandra y Julio. Damos gracias a Dios por el regalo de su matrimonio misionero a la Fraternidad, a la Rama y a la Iglesia.

Carmen

 

Celebración de nuestros vínculos perpetuos

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Hola hermanos: Somos Alejandra Cuevas y Julio Moguel, Matrimonio Misionero de México.

Os compartimos que el pasado 14 de agosto de 2016, después de 10 días de Ejercicios Espirituales, en Siete Aguas Valencia, hemos celebrado la profesión de nuestros vínculos perpetuos". Ha sido una celebración compartida con toda la Familia Misionera Verbum Dei, con muchos hermanos de la comunidad de España, con los que hemos estado compartiendo los últimos 7 años.

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Vivimos este momento como un gran regalo que Dios nos da. Hace 12 años, en Puebla, México, surgió la ilusión de dar a conocer la riqueza que nuestro carisma aporta a la vivencia del matrimonio. Hoy entendemos que esa ilusión se concreta en este sí a la consagración. Hay de parte de Dios un “no me elegisteis vosotros, he sido yo quien os ha llamado”.

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Lo primero que nos viene a la mente es lo pequeñito que es nuestro matrimonio delante de tanto sufrimiento que existe en el mundo. Sin embargo, en la oración comprendemos que siempre tenemos la posibilidad de hacer presente a Jesús, porque él quiere hacerse presente en medio de las familias y por eso podemos sembrar esperanza en este mundo.

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Muchas gracias por vuestras oraciones,
Alejandra y Julio