Testimonio: Doy gracias a Dios

testimonio doy gracias a dios 1Después de varias semanas tras la con-VIVENCIA de Semana Santa en Siete Aguas, no puedo dejar de dar gracias a Dios por todo aquello que puso en mi corazón y que hoy, ya reposado de tanta emoción y con la paz con que ha quedado, me gustaría compartir.

Provengo de una familia cristiana en la que desde siempre se nos inculcó el amor a Dios; Sin embargo, con el tiempo te vas dando cuenta de que, aunque éste es el pilar y la gran herencia que nuestros padres nos han podido dar en vida, para querer y conocer bien a Dios necesitas experiencias reales de encuentro personal con Él. Y es aquí donde he descubierto mi verdadera historia de FE.

Aunque mi vida espiritual ha pasado por muchas etapas, algunas de ellas con grandes altibajos y distanciamiento, cuando hago un repaso de mi vida, me doy cuenta de que Dios siempre ha caminado conmigo. En los momentos que más lo necesité,  puso en mi camino a las personas adecuadas (yo diría ángeles) que me propiciaron esas experiencias de interioridad; Tuve la oportunidad de conocer el Opus Dei, compartir convivencias con los Padres Franciscanos, tuve algún contacto con la Renovación Carismática  y viví, aunque tan solo en dos ocasiones, el auténtico carisma del Verbum Dei (la primera de ellas en 2001 con el grupo de jóvenes de mi parroquia y la última anterior a este año, en un fin de semana de retiro de manera muy "casual" como respuesta a una necesidad que venía pidiendo). En ambas ocasiones sentí que Dios estaba presente en cada misionera y en aquel lugar y allí, me dejé tocar nuevamente el corazón.

Sin embargo, si todas las experiencias que he tenido a lo largo de mi vida han sido una inyección para acercarme a Jesús y al Padre, ésta última en Siete Aguas ha sido muy especial porque me ha mostrado, por primera vez, el verdadero rostro de María, nuestra Madre. Y es que siempre he sido consciente de la poca devoción con que acudía a la Virgen y mi falta de amor por ella. Mi manera casi automática de rezarle, mis oraciones faltas de cariño...

Pero algo cambió de repente. Fue en la celebración de Jueves Santo; me disponía a rememorar la Última cena cuando mis ojos se quedaron clavados en aquella impresionante escultura de la Virgen. Sentí, de repente, un deseo fuerte de amarla. Algo me impulsaba a decirle cosas bonitas, a hablarle...Y así empecé a dialogar con ella. Qué belleza tan grande, qué amor tan desmesurado… ¿Cómo antes no pude darme cuenta?

Viví muy intensamente esos 4 días de Semana Santa, feliz por haber podido compartirlos con mi marido y parte de mi familia; Aún hoy, después de unas semanas, le doy gracias a Dios por todo lo que la familia Verbum Dei nos regaló y por los testimonios de vida que allí se compartieron.

Recibí tanto de Dios en tan pocos días, que no esperaba nada más. Sin embargo, nuestra Madre me tenía preparada una sorpresa de despedida. Llegué a recepción con mi hermana para entregar nuestros datos y, aunque ya había visto en otras ocasiones esa Virgen de barro en la vitrina, ésta vez me pedía venirse conmigo. Sin dudarlo ni un momento, la compré.

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Mi casa nunca antes había tenido una imagen de la Virgen y ahora preside el salón. Me levanto cada mañana y le doy un beso; uno a ella y otro al niño Jesús que lleva en brazos.

Le pido su misma humildad, sencillez, un amor con locura; que me enseñe a querer a Jesús y a tratarte con ternura... Ahora sé que me escucha y que también camina a mi lado... Gracias familia Verbum Dei por esta Semana Santa y por TANTO...

Sonia