Testimonio - Experiencia de Oración

testimonio experiencia de oracion

“He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.” (Ap 3,20)

Lo que más me ha gustado de este encuentro es que por primera vez se me han entregado las herramientas teóricas-prácticas necesarias para empezar a orar. Es decir, al igual que para comer necesitamos cuchara, tenedor y cuchillo y en su momento alguien nos enseñó a usarlos, en este encuentro se aprende de manera muy útil y didáctica la manera de empezar a orar a través de unas sencillas pautas que nos indican cómo hacerlo.

Con la pausa que ha supuesto este fin de semana de oración, he descubierto además que Jesús no busca admiradores sino seguidores. Y de ahí que vino a mi mente una cita que encontré en un poster hace años y que decía lo siguiente: “A Jesús es imposible conocerle, y no amarle… amarle y no seguirle.” Por tanto, de esta ecuación deducimos que seguir a Jesús implica imitar el amor de Jesús al prójimo.

¿Pero, cómo llevar adelante tan gran hazaña? - A través de la oración, el mismo Dios alimenta nuestro amor, incrementa nuestra fe, cura nuestras heridas a través de su gracia, nos hace más plenos y nos capacita al mismo tiempo para compartir el amor con los demás.

Doy gracias a las hermanas por habernos permitido descubrir que la oración es parte vital de nuestra vida espiritual, es lo más parecido a la importancia de comer, beber y respirar para mantenernos con vida.

Si Dios no está en medio del amor de cualquier persona, somos incapaces de hacer feliz a nadie, y ahí lo grande, que Dios no hace acepción de personas, Él nos quiere a todos. “Gustad y ved que bueno es el Señor, dichoso el hombre que confía en Él.” (Sal 34,9)

No hay pobreza más grande en el mundo, que vivir una vida sin la conciencia/presencia de ser hijo de Dios.

Cuando oramos, hablamos con el mismo Jesús resucitado, glorioso que ha vencido a la muerte y por tanto descubrimos esa sensación de plenitud al saber que: “Nadie queda viudo del esposo resucitado que es Jesús.”

En definitiva, orar es dejarme amar por Dios y amarlo, estableciendo un diálogo de amistad que me hace contemplar a Jesús y ser mirado por Él. Es compartir con Él todos los aspectos de mi vida, para posteriormente escuchar y dejar que Él mismo me hable.

Pero, ¿cómo puede el mismo Dios hablarme a mí? ¿Cómo puedo escucharle?... Un modo sencillo para empezar es, dejar que Él actué a través de su Palabra viva en la Biblia. “Habla Señor, que tu siervo escucha.” (1 S 3,10)  

El fruto del diálogo con Dios nos hace crecer como personas y nos capacita para amar de manera auténtica a todos los que nos rodean. “Cuando enseñas a una persona orar… la has salvada.” Gracias hermanas por enseñarme tanto.

José Manuel